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El pasado 30 de marzo, el Frente Amplio (FA) de Uruguay, además de festejar los 45 años de su primer acto político, lanzó la campaña para las elecciones internas (que, luego del tornado y las inundaciones en varios Departamentos, tuvieron que suspenderse y reprogramarse para el próximo 24 de julio). La cita electoral presidencial todavía queda lejos (2019). Sin embargo, la interna del partido que gobierna tiene una alta importancia política en sí misma por diferentes razones. Por un lado, existen significativas diferencias entre las propuestas al interior del Frente, y es fundamental conocer cuál es el verdadero estado de la correlación de fuerzas en ese plano. Y por otro lado, no es menor la cuestión del candidato que requiere de un tiempo necesario para ir preparando su propia estrategia programática y de alianzas de cara a la elección presidencial.

Son cuatro los frenteamplistas que disputarán la conducción, todos hombres, y con gran experiencia en el quehacer político de la nación uruguaya. Esta elección se da en el marco de una acefalía del Frente Amplio luego de la renuncia de la senadora Mónica Xavier, quien presidía el espacio. La conducción del Frente es de gran importancia para la interlocución entre gobierno y partido. En este sentido, la disputa interna cobra un cariz particular ya que, a partir de visibilizar las disidencias que presenta cada uno de los candidatos, podríamos aventurar cómo será la relación entre Gobierno Nacional y Partido de Gobierno.

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